María Pagés, en 'De Sheherezade'
El personaje de 'Sheherezade' remite a un Oriente exótico y misterioso, el de las mil y una noches, pero María Pagés -y su mano derecha, el poeta y dramaturgo El Arbi El Harti han huido de los tópicos para crear un espectáculo puramente flamenco (la pureza, como la belleza, está en el interior); con reminiscencias árabes, sí, pero con una máxima muy clara: menos es más.
Hay mucha palabra, envuelta en la magia del cante, y muchas ideas en este espectáculo. No cuenta la historia de Sheherezade -al menos no la cuenta de una manera 'tradicional'-, sino que la presenta como la encarnación de muchas mujeres, de todas las mujeres. María Pagés se rodea de un cuerpo de baile completamente femenino, que es al tiempo espejo y prolongación de la propia bailaora. Encarna una feminidad poderosa -más que empoderada-, rebelde, firme, pero también delicada e insegura.
María Pagés quiere subrayar el valor de la palabra como instrumento de paz -Sheherezade logró salvar su vida gracias a ella-, y lo hace con coreografías expresivas, en las que se muestran sentimientos como el miedo o la alegría, donde se expone la violencia o la generosidad del ser humano. Y lo hace también con cantes llenos intención y de poesía.

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